El 19 de septiembre representa una fecha singular en la memoria colectiva de México. El terremoto ocurrido el 19 de septiembre de 1985, con magnitud 8.1, produjo una de las mayores catástrofes urbanas de la historia moderna del país y puso de manifiesto las enormes consecuencias que puede generar la combinación de un fenómeno natural, una elevada concentración urbana y condiciones de vulnerabilidad estructural y social. A partir de aquella experiencia un año después se fundó el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC). El 19 de septiembre de 2017, treinta y dos años después, nuestro país vivió nuevamente una fecha trágica. Un sismo de magnitud 7.1, ocasionó pérdidas humanas, daños en edificaciones e interrupciones de infraestructura. La coincidencia de la fecha no significa que los sismos ocurran por temporada ni que exista capacidad para predecirlos; el propio Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) señala que los sismos no pueden predecirse y que su ocurrencia en septiembre constituye una coincidencia histórica. Sin embargo, surge una pregunta particularmente pertinente para regiones como La Laguna: ¿Qué significado tiene el 19 de septiembre para una región donde los grandes terremotos no forman parte de la experiencia cotidiana? La respuesta desde la ingeniería civil es contundente: mucho. Para quienes impulsan el desarrollo de la infraestructura en La Laguna, la fecha puede parecer distante debido a que los grandes terremotos no forman parte de nuestra experiencia cotidiana. Sin embargo, precisamente esta percepción puede generar una falsa sensación de seguridad. La prevención no debe depender exclusivamente de la frecuencia de un fenómeno, sino de la capacidad de una sociedad para identificar y reducir sus vulnerabilidades. México es un territorio geológicamente complejo. Ante este reto, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desarrolló su Manual de Diseño de Obras Civiles (MDOC), incluyendo el capítulo de Diseño por Sismo, precisamente para proporcionar criterios que permitan considerar el peligro sísmico de acuerdo con la ubicación, las características del terreno, el tipo de estructura y su importancia. Aunque el propósito inicial de la CFE como un organismo del sector energético era salvaguardar sus propias mega estructuras (presas, hidroeléctricas, termoeléctricas, torres de transmisión, etc.) para evitar el colapso del suministro nacional ante un desastre, la rigurosidad del documento cambió su rumbo. El manual trascendió el ámbito eléctrico para convertirse en la norma de referencia nacional para el entorno urbano. En términos de regionalización sísmica de CFE, Coahuila se encuentra dentro de la zona A, caracterizada por muy baja sismicidad, mientras que Durango presenta tanto zonas A como B. Esta clasificación es útil para establecer una primera aproximación al peligro regional, pero no debe interpretarse en ninguna circunstancia que el terreno es "inmune" a movimientos. En La Laguna, además de la baja sismicidad, existen condiciones geotécnicas locales que requieren atención, particularmente los procesos de subsidencia y asentamientos diferenciales siendo un área de 2,940 km2. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha identificado deformaciones del terreno en la región asociadas, entre otros factores, a la explotación de aguas subterráneas. Estas condiciones pueden afectar cimentaciones, pavimentos, instalaciones y edificaciones, demostrando que el riesgo para la infraestructura no se limita a los terremotos. Es por ello que instituciones como el INEGI mantienen un monitoreo permanente del territorio mexicano. A través del programa de Subsidencia Detectada con Técnicas Satelitales, implementado formalmente desde 2019, el instituto utiliza radares espaciales para mapear milimétricamente cómo se deforman nuestras regiones. Ingeniería estructural y prevención La ausencia de grandes movimientos sísmicos no exime a los profesionales de aplicar criterios mínimos de diseño estructural. Una edificación segura debe contar con una cimentación adecuada a las condiciones reales del terreno, elementos estructurales correctamente dimensionados y una adecuada continuidad y conexión entre sus componentes. Asimismo, las Normas Técnicas Complementarias, los reglamentos municipales y los criterios técnicos de la CFE deben utilizarse como herramientas de prevención. El objetivo no es construir pensando exclusivamente en un terremoto, sino garantizar que las edificaciones posean un nivel adecuado de seguridad frente a las acciones para las cuales fueron diseñadas y ante condiciones accidentales razonablemente previsibles. El verdadero significado del 19 de septiembre para La Laguna En una región de baja sismicidad, el simulacro del 19 de septiembre no debería interpretarse únicamente como un ejercicio para responder ante un terremoto. Representa una oportunidad para evaluar integralmente la seguridad de los centros de trabajo, industrias, escuelas, hospitales y edificios públicos. Las empresas de la región tienen la posibilidad de aprovechar esta fecha para verificar rutas y salidas de emergencia, señalización, puntos de reunión, funcionamiento de alarmas, capacidad de las brigadas, accesibilidad para personas con discapacidad y posibles riesgos derivados de equipos, materiales o instalaciones. Por ello, el verdadero objetivo de un simulacro no debe ser simplemente comprobar cuánto tarda una organización en evacuar, sino determinar qué tan preparada está para proteger a las personas ante emergencias reales en la zona, que van desde incendios, fugas químicas, deformaciones del suelo, inundaciones severas y fuertes tolvaneras. La enseñanza del 19 de septiembre no es que México deba prepararse exclusivamente para los sismos, es mucho más profunda: los desastres ocurren cuando un fenómeno peligroso encuentra una sociedad vulnerable. Por tal razón la protección civil comienza mucho antes de que suene una alarma. • Comienza desde el estudio del terreno por parte del personal de ingeniería. • Continúa con el cálculo de la estructura a cargo del equipo de proyección y diseño. • Se materializa cuando el equipo de construcción respeta los planos. • Se fortalece cuando el área de supervisión verifica la calidad. • Y finalmente se completa cuando la población conoce qué hacer ante una emergencia. En conclusión, en La Laguna, precisamente porque los grandes terremotos no forman parte de su experiencia cotidiana, la región tiene la oportunidad de construir una cultura preventiva basada en el conocimiento de sus propios riesgos. Por ello, incluso en una región de baja sismicidad como buena parte de La Laguna, cada castillo, cada dala, cada cimentación, cada tonelada de acero, cada metro cúbico de concreto y cada decisión de planeación urbana debe formar parte de una misma filosofía: estar preparados para los diferentes incidentes que pueden ocurrir en las ciudades como, por ejemplo: incendios, fugas químicas, deformaciones del suelo, inundaciones, fuertes vientos, entre otros. Y quizá ese sea el significado más profundo del 19 de septiembre para quienes tienen la responsabilidad de construir en el norte de México: no esperar a que ocurra el desastre para comenzar a construir resiliencia.
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