El modelo de crecimiento urbano que presenta una ciudad constituye uno de los principales indicadores de su sostenibilidad y competitividad. A partir de la década de 1990, muchas ciudades mexicanas experimentaron procesos de expansión urbana que superaron ampliamente su crecimiento demográfico, generando modelos de dispersión urbana con mayores costos de infraestructura, movilidad y prestación de servicios públicos. Bajo este contexto, analizar el crecimiento de la mancha urbana y la densidad de población permite evaluar los escenarios para el planteamiento de políticas de ordenamiento territorial en cada territorio. En el caso de Torreón, los datos históricos muestran una etapa de expansión urbana importante durante las décadas de 1990-2020. Durante este periodo la tasa de crecimiento anual de la población fue en promedio 1.52%, mientras que la mancha urbana creció a una tasa promedio de 3.6% por año. Esto significa que el suelo urbanizado aumentó más del doble de rápido que la población, reflejando un modelo de desarrollo caracterizado por la expansión periférica y el consumo ineficiente de suelo. Los efectos de esta dinámica pueden observarse en la evolución de la densidad urbana. En 1980, Torreón registraba una densidad de 97.8 habitantes por hectárea, para 1990 la densidad bajó a 87.4 habitantes por hectárea y, en 2020, alcanzó 47.1 habitantes por hectárea. Esta reducción sostenida deja en evidencia un proceso de dispersión urbana, mejor conocida como “urban sprawl”. La ciudad aumentó su tamaño de manera fragmentada, creando lunares en las periferias y grandes vacíos sin consolidar. La extensión territorial de Torreón pasó de 5,332 hectáreas a 15,288 hectáreas, de las cuales 14% pertenecían a vacíos urbanos. Sin embargo, al monitorear el crecimiento de la ciudad, los indicadores más recientes sugieren un cambio relevante en la dinámica territorial. Entre 2020 y 2025, la tasa de crecimiento anual de la mancha urbana se estima en aproximadamente 1.2%, un escenario muy distinto respecto al de las últimas tres décadas, ya que el crecimiento territorial dejó de superar ampliamente el crecimiento poblacional, el cual, de igual manera, se estima en una tasa anual de 1.2%. La densidad poblacional por otra parte, para 2025 se mantiene prácticamente estable, con 47.3 habitantes por hectárea, esto nos indica un escenario de desaceleración del crecimiento extensivo de la ciudad. Más que un proceso de compactación urbana, los resultados sugieren una etapa de consolidación territorial, en la que el consumo del suelo ha comenzado a alinearse con el crecimiento poblacional. Existen una combinación de factores a los cuales se pudiera asociar este escenario, tanto demográficos, económicos y de planeación urbana. Por una parte, se encuentra la disminución de la tasa de crecimiento poblacional, a menor crecimiento menor demanda de nueva vivienda. También se suman cambios en el mercado inmobiliario debido a los precios altos del suelo y la alza en precios de materiales de construcción y a diferencia de las últimas 30 décadas, existe un menor dinamismo en la producción de vivienda social en la periferia, principal factor de expansión urbana en ese periodo. En cuanto a planeación urbana, en los últimos años, Torreón le ha apostado al fortalecimiento de instrumentos de ordenamiento territorial. Los cambios coinciden con la actualización del Plan Director de Desarrollo Urbano 2023, instrumento que incorpora políticas de contención de la expansión urbana, la optimización de la infraestructura eficiente y el fortalecimiento de un modelo de desarrollo más eficiente. Si bien es necesario observar la evolución de estos indicadores a mediano plazo para confirmar una tendencia estructural, los datos disponibles muestran un escenario positivo. En este sentido, existen aún retos, no se observan cambios significativos que indiquen una transición hacia un modelo de ciudad compacta, por lo que el principal desafío para los próximos años será avanzar hacia un proceso de redensificación, capaz de incrementar la densidad urbana, optimizar el uso de la infraestructura existente y fortalecer la competitividad urbana de Torreón.
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